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Cuando el deseo deja sin máscaras a la moral, los relatos más inquietantes de Guy de Maupassant

  • Foto del escritor: Jesús Arroyo Cruz
    Jesús Arroyo Cruz
  • 18 ene
  • 5 Min. de lectura

Actualizado: 21 ene

Para muchos, la obra de Guy de Maupassant implica enfrentarse a una literatura que no concede coartadas morales. Sus relatos avanzan hacia el punto exacto donde el deseo rompe la apariencia de corrección y deja al descubierto la fragilidad de los valores sociales. No hay escándalo gratuito ni provocación superficial. Hay una observación lúcida de cómo actúan los individuos cuando la moral deja de ser un principio y se convierte en un recurso utilitario.


En textos como Bola de sebo, La casa del placer y Desembarco de lascivia, Maupassant sitúa a sus personajes en escenarios reconocibles y los obliga a decidir. El lector no recibe explicaciones tranquilizadoras. Observa cómo el discurso respetable se quiebra y cómo el deseo, lejos de ser una fuerza marginal, organiza silenciosamente las relaciones humanas.


El realismo de Maupassant y la verdad incómoda

El realismo de Maupassant no busca retratar costumbres con distancia neutral. Funciona como una herramienta de desnudamiento moral. Sus personajes pertenecen a la vida cotidiana, pero son observados en el instante en que las convenciones dejan de sostenerse. El autor no exagera ni caricaturiza. Se limita a mostrar lo que ocurre cuando el interés personal entra en conflicto con los valores proclamados.


La prosa es clara y contenida. Esa sobriedad vuelve más perturbador el efecto. Maupassant no necesita subrayar la injusticia ni dictar una lección. El lector entiende por sí mismo que la moral social suele ser frágil y que se adapta con rapidez cuando el deseo o la conveniencia lo exigen. Leer estos relatos hoy implica reconocer la verdad persistente de que las máscaras morales rara vez resisten la presión de las circunstancias. Aquí un ejemplo:


"El ama, desde su viudez, fue deseada vanamente por todos los parroquianos del establecimiento; pero se la suponía honesta en absoluto, y ni sus pupilas pudieron descubrir nada. Era alta, de buenas carnes y muy agraciada. Su cutis, palidecido en la obscuridad de aquel recinto siempre cerrado, lucía como bajo un barniz grasiento. Cabellos indómitos, cortos y rizados, rodeaban su frente, dándole un aspecto juvenil que contrastaba con la madurez de sus formas. Invariablemente alegre y de rostro franco, bromeaba gustosa, pero con alguna reserva, que sus nuevas ocupaciones no pudieron hacerle perder aún. Las palabras groseras la chocaban siempre algo; y cuando un muchacho mal educado llamaba por su nombre la casa que ella dirigía, se molestaba, protestando". (Novelas cortas de Guy de Maupassant. La casa del placer. Desembarco de lascivia. Especulaciones amorosas. 1902).

Bola de sebo, cuando la virtud se vuelve calculada

Bola de sebo es uno de los relatos más inquietantes de Maupassant porque muestra con precisión cómo opera la hipocresía colectiva. Un grupo de viajeros franceses huye durante la guerra franco-prusiana. Entre ellos viaja una mujer despreciada por su oficio, pero necesaria para la supervivencia del grupo.


La tensión del relato nace de la convivencia forzada. Los personajes que se consideran respetables sostienen discursos patrióticos y morales mientras condenan públicamente a la mujer. Sin embargo, cuando su bienestar se ve amenazado, no dudan en presionarla para que sacrifique su dignidad en beneficio común.


Maupassant no acusa de forma directa. Se limita a mostrar cómo la virtud se transforma en cálculo. Quienes se presentan como honorables utilizan el cuerpo ajeno para resolver su problema y, una vez satisfechos, recuperan el desprecio inicial. El relato no necesita cierre moral. La escena final es suficiente para revelar la crueldad que se esconde detrás de la corrección social.


Bola de sebo suele ocupar ese lugar porque concentra su mirada crítica: deseo, hipocresía moral y violencia social expuestos en un relato breve donde la virtud se ajusta al interés.


El deseo como fuerza que desordena

En La casa del placer y Desembarco de lascivia, Maupassant desplaza la atención hacia espacios donde el deseo deja de ocultarse. No se trata de relatos eróticos en sentido superficial. El placer aparece como un territorio donde se suspenden las normas y se revelan jerarquías invisibles.


Los personajes entran en estos espacios con una idea clara de control. Salen enfrentados a su propia vulnerabilidad. Maupassant no idealiza el deseo ni lo condena. Lo observa como una fuerza que desorganiza los discursos morales y expone contradicciones profundas.


La sexualidad, en estos relatos, no es un exceso anecdótico. Es un recurso narrativo que permite mostrar cómo la moral se flexibiliza cuando conviene y cómo ciertos cuerpos cargan con el peso del juicio social. El lector comprende que el escándalo reside en la forma en que la sociedad decide administrarlo.


Brevedad, precisión y vigencia

Uno de los rasgos más notables de Maupassant es la economía narrativa. Sus relatos avanzan sin desvíos innecesarios. Cada escena empuja hacia un punto de revelación. Esa brevedad no empobrece el contenido, lo concentra.


En Bola de sebo, La casa del placer y Desembarco de lascivia, el lector no recibe explicaciones psicológicas extensas ni discursos morales explícitos. Recibe escenas, gestos. decisiones. Esa forma de narrar explica por qué la incomodidad que producen estos textos no se disuelve con el tiempo.


Maupassant no pertenece solo al siglo XIX. Sus relatos siguen dialogando con cualquier época en la que la moral se exhibe como valor absoluto mientras se negocia en privado.


¿Cuáles son los mejores cuentos de Guy de Maupassant?

Entre los más destacados se encuentran Bola de sebo, El Horla, La casa del placer y Desembarco de lascivia. Son relatos breves que muestran su mirada crítica sobre el deseo, la moral social y la fragilidad de las convenciones humanas.


Leer para desnudar la moral

Leer a Guy de Maupassant es aceptar una literatura que no suaviza la experiencia humana. Sus relatos muestran el instante exacto en que la moral deja de ser un principio y se convierte en una máscara. El deseo aparece como una fuerza que obliga a los personajes a revelarse. Si deseas adquirir un ejemplar con los relatos La casa del placer/Desembarco de lascivia/Bola de Sebo, puedes hacerlo en Amazon en donde encontrarás versiones ebook y pasta blanda. También podrían interesarte estas obras de la colección Literatura de La Atenas de América:




Bola de sebo, La casa del placer y Desembarco de lascivia siguen inquietando porque no ofrecen consuelo ni redención. Ofrecen claridad. En esa claridad incómoda, precisa, y sobria, reside la vigencia de Maupassant y la razón por la que sus relatos continúan interpelando al lector actual.


Este texto fue preparado por Jesús Arroyo Cruz a partir de la lectura directa y cuidadosa de la obra. Cada artículo busca acercar los clásicos de la literatura al lector contemporáneo sin intermediarios innecesarios, resaltando su valor humano y su calidad estética.


Relatos de Guy de Maupassant donde el deseo revela la hipocresía y quiebra la moral social

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